El Estatuto del Becario se perfila como una de las reformas más relevantes en materia de formación y empleo juvenil en los últimos años. Su objetivo es claro: regular de forma más estricta las condiciones en las que los estudiantes realizan prácticas en empresas, reforzando su carácter formativo y limitando los usos indebidos.
Para las organizaciones, especialmente aquellas que trabajan de forma habitual con talento en prácticas, esto implica un cambio profundo en la gestión, supervisión y diseño de los programas formativos.
Qué es el Estatuto del Becario y en qué punto está la tramitación
The Estatuto del Becario 2026 es una propuesta normativa que busca regular las condiciones de las personas en formación práctica en empresas, con el objetivo de evitar abusos y garantizar que las prácticas tengan un contenido educativo real.
El texto parte del anteproyecto presentado en noviembre de 2025 y actualmente se encuentra en fase de tramitación parlamentaria, por lo que aún podría sufrir ajustes antes de su aprobación definitiva.
Su enfoque principal es equilibrar la relación entre empresas, centros educativos y estudiantes, asegurando que la experiencia en empresa complemente la formación académica sin sustituir empleo estructural.
Este cambio responde a una preocupación creciente: el uso de figuras de prácticas como vía de acceso a mano de obra de bajo coste sin suficiente tutorización ni aprendizaje real.
Los cambios principales que introduce para las empresas
La nueva regulación introduce obligaciones más concretas y exigentes para las empresas que acogen personas en prácticas.
Entre los cambios más relevantes destacan:
- Implantación obligatoria de un plan formativo individualizado para cada estudiante
- Alineación estricta entre las prácticas y el itinerario académico correspondiente
- Limitación del número de personas en prácticas por tutor asignado
- Ratio máximo de 5 estudiantes por tutor
- Límite del 20% de becarios respecto a la plantilla total de la empresa
- Mayor exigencia de documentación y trazabilidad del proceso formativo
Este último punto es especialmente relevante: no bastará con acoger estudiantes, sino que será necesario demostrar que existe un seguimiento real, estructurado y evaluable.
En la práctica, esto obliga a las empresas a profesionalizar la gestión de las prácticas de forma similar a un programa interno de formación.
Qué tipos de prácticas quedan regulados y cuáles son sus diferencias
El Estatuto distingue claramente entre diferentes modalidades de prácticas, cada una con implicaciones distintas para la empresa.
Prácticas curriculares
Son aquellas incluidas dentro del plan de estudios y obligatorias para la obtención del título. Están altamente vinculadas al centro educativo, que ejerce un papel de supervisión directa.
Prácticas extracurriculares
Son voluntarias y sirven como complemento a la formación académica. Aunque no son obligatorias, deben mantener un componente claramente formativo y no pueden sustituir puestos de trabajo estructurales.
Formación en alternancia
Este modelo combina formación teórica y actividad en empresa dentro de un mismo itinerario. Tiene una regulación más compleja y una mayor conexión con el ámbito laboral, aunque mantiene el carácter formativo.
La correcta clasificación es clave, ya que determina las obligaciones legales, el nivel de supervisión y el tipo de documentación exigida.
Sanciones y riesgos por incumplimiento: los ‘falsos becarios’
Uno de los objetivos centrales del Estatuto es reducir los casos de lo que se conoce como “falsos becarios”, es decir, personas en prácticas que realizan funciones propias de un trabajador sin el soporte formativo correspondiente.
The Labour Inspectorate reforzará el control sobre estas situaciones, pudiendo considerar fraude cualquier práctica que no tenga un componente formativo real o que sustituya puestos estructurales.
- Las consecuencias pueden ser relevantes:
- Sanciones económicas de distinta gravedad en función del incumplimiento
- Obligación de conversión de la relación en contrato laboral
- Reclamaciones retroactivas por diferencias salariales o cotizaciones
- Daño reputacional en procesos de atracción de talento
- Mayor riesgo de inspecciones futuras
Esto obliga a las empresas a revisar no solo la documentación, sino la operativa real del día a día de los estudiantes en prácticas.
Cómo adaptar el programa de prácticas de tu empresa al nuevo marco
La adaptación al Estatuto del Becario no es un ajuste puntual, sino un rediseño del modelo de prácticas.
Revisión del número de becarios activos
El primer paso consiste en analizar cuántas personas en prácticas tiene la empresa en cada área y comprobar si se cumplen los límites establecidos. Esto incluye no solo el total global, sino también la distribución por departamentos y tutores.
Diseño de planes formativos individuales
Cada estudiante deberá contar con un itinerario formativo claro, con objetivos definidos, competencias a desarrollar y un sistema de seguimiento. Esto transforma las prácticas en un proceso estructurado, no improvisado.
Designación de tutores y carga de supervisión
La figura del tutor adquiere mayor responsabilidad. No solo supervisa tareas, sino que debe garantizar el aprendizaje. Por ello, será clave ajustar cargas de trabajo y asegurar que el ratio tutor-estudiantes es viable.
Documentación y trazabilidad del proceso
Será obligatorio mantener evidencia del proceso formativo: objetivos, evolución, evaluaciones y tareas realizadas. Esto convierte la gestión documental en una parte central del programa de prácticas.
La formación como garantía del cumplimiento: qué necesita saber el tutor
El tutor se convierte en una figura estratégica dentro del nuevo modelo de prácticas. Ya no es solo un supervisor operativo, sino quien garantiza la calidad formativa.
Esto implica nuevas competencias:
- Capacidad para estructurar planes de aprendizaje
- Evaluación objetiva de competencias
- Acompañamiento del estudiante en su desarrollo
- Comunicación con centros educativos
- Gestión del aprendizaje en entornos reales de trabajo
En este contexto, la formación de tutores se vuelve esencial para asegurar el cumplimiento normativo y la calidad del aprendizaje.
Desde Educa.Pro, las empresas pueden estructurar programas formativos específicos para tutores y responsables de prácticas, facilitando la adaptación al nuevo marco legal y garantizando que las prácticas mantengan su verdadero valor formativo.